Un sueño nocturno largo y reparador nos proporciona nueva energía para el día siguiente.
Sin embargo, a menudo vuelve el cansancio al mediodía, que se puede combatir con una siesta corta. Esta "siestecita" ayuda durante el bajón del mediodía a recargar el cuerpo y la mente con energía y así aumentar el rendimiento.
Una siesta no debe durar más de 20 minutos y debe terminarse antes de entrar en la fase de sueño profundo, ya que de lo contrario puede producirse un efecto negativo llamado "inercia del sueño".
Con la técnica y duración adecuadas, después de una siesta corta te sientes fresco y descansado.
Si no quieres usar un despertador para despertarte, el "sueño de la llave" puede ayudar como alternativa para estimar la duración adecuada de una siesta. Para ello, te sientas relajado en una silla y sostienes un llavero de modo que al abrir la mano caiga al suelo. Antes de entrar en la fase de sueño profundo durante la siesta, los músculos se relajan. El llavero cae al suelo y te despiertas.
Los científicos están de acuerdo en que una siesta regular aporta muchas ventajas:
- Fortalecimiento del sistema inmunológico
- Protección contra enfermedades cardiovasculares relacionadas con el estrés
- Incremento y mejora de la concentración
- Aumento del rendimiento psicológico y físico
- Mejora del estado de ánimo
- Compensación de un déficit de sueño nocturno (por ejemplo, en padres jóvenes)
Para aprender a hacer una siesta rápida, se necesita un poco de práctica para acostumbrar al cuerpo a la corta fase de sueño. Son útiles los ejercicios de relajación, el entrenamiento autógeno o el yoga.
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